Para entender esta relación, veamos primero qué sucede con quien recibe los golpes.

 

En el caso de un niño, debido a la total desproporción con el cuerpo físico de un adulto, el niño siempre generará una reacción de miedo, ese miedo de muerte y por ello reaccionará con cualquiera de las tres respuestas comunes de un animal acorralado, es decir: ataque, parálisis o huida. Por eso hay niños que cuando son golpeados nos atacan, hay otros que se quedan paraditos para recibir más golpes y hay otros que salen corriendo. Aquí no hay pensamiento es una reacción total idéntica a la que tenemos cuando retiramos la mano por que, sin darnos cuenta, la acercamos a una flama encendida.

El golpeado genera una desconfianza hacia quien le golpea, no importa que después le pida perdón y lo llene de mimos, sabe que en cualquier momento podrá volver a recibir golpes.

Otra consecuencia es que el golpeado hace del golpeador su persecutor; es decir, una persona golpeada, no obstante que esté lejos de casa, tiene pánico de hablar de haber sido golpeada y si lo dice, lo hace en secreto, susurrando en voz baja como si el golpeador pudiera escucharle. En el caso de los niños, cuando ellos sienten que el papá o la mamá que golpea, se van acercando a ellos, digamos a la casa o su cuarto, estos pequeñitos anticipan la reacción y pueden huir del cuarto, hacerse los dormidos, esconderse en los closets o debajo de las camas o simplemente quedarse paralizados, no poderse mover de donde están. Otra forma de reacción es que se ponen muy agresivos y son ellos quienes empiezan a tener actitudes retadoras.
Estos pequeños llevan la idea de quien los golpea en su mente en todo momento y miden sus actos en relación a la tunda que recibirán, es decir, si me robo un chocolate de la despensa, el castigo será de tal intensidad, pero si vacío un frasco de tinta en un libro de mi mamá o papá, los golpes serán de tal tamaño.
En este mismo sentido, quien golpea tiene una parte en la que quiere ser lind@ y no quiere golpear, pero finalmente se encuentra ante hechos que le acorralan y que “no le dejan otra salida” más que acabar golpeando, porque de alguna manera extraña, quien golpea tiene la sensación de que ese es el único método efectivo y aunque carga con una culpa acaba pesando que así es la vida.
NO CABE DUDA QUE LA RELACIÓN GOLPEADOR – GOLPEADO SE RETROALIMENTA HASTA QUE UNO DE LOS DOS DICE BASTA, NO MÁS … Generalmente, esto no sucede hasta que el golpeado recupera autoestima y fuerzas y se atreve a declararse a si mismo que ya no aceptará más golpes.

 

Hablar, denunciar y hacer alianzas, solo con estos actos de conciencia se rompe este vinculo que se hereda de generación en generación.

 

Con cariño. Siempre interconectad@s

Lucy Romero

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